lunes, 7 de febrero de 2011

El paseador

Cómo saber que algo que vemos un día puede resultar tan familiar un tiempo después.
De vez en cuando, al principio, veía a un señor bajito, con algunos años encima y que supuse era un paseador de perros; Llevaba tres, un ovejero con una oreja doblada, de pelaje desteñido y la cadera un poco caída. Otro perro grande del que no me acuerdo ningún detalle y uno mestizo más chiquito de color claro. Lo ví tantas mañanas, sentado en la plaza frente a la jefatura que se fue convirtiendo en parte del paisaje. Con el correr de los años y sin poder precisar cuando, este señor algo mas viejo, terminó por tener un solo perro. Esa es la imagen que hoy tengo con claridad, paseando a un Rottweiler grande, grande de tamaño y de edad, excedido en peso y falto de dinamismo. A decir verdad, formaban una pareja muy especial. El, con un sombrero negro de ala angosta, algo gastado, una mochila pequeña también negra y vestido siempre con ropa oscura. Caminando lento a su lado, un paso más atrás, el Rottweiler, con un bozal de canasta de color gris, unido a su paseador, si es que era su paseador, por una fina correa de cuero. La correa era solo el contacto entre ambos, porque caía suelta sin ejercer nunca ninguna tensión. Así caminaban ambos, lentos; con paso corto él, y con un andar pesado, su perro. Nunca se miraban, nunca y a pesar de eso, cada uno sabía cuando el otro se iba a detener, a conversar con alguien o a oler algo de la vereda. Eran uno solo, unidos por la correa.
Siempre los veía caminando en la misma cuadra, rutina de mi ida al trabajo, rutina de su paseo. Pero hay cambios que se notan. Un día, de los de siempre, me sorprendió el no verlos. Los busqué como pude, miré hacia atrás por si se habían demorado, pero no llegue a divisar sus siluetas oscuras. Al día siguiente, con algo de ansiedad los busqué nuevamente. A la misma hora, la de siempre, lo ví, solo a él, caminando lento, con su sombrero negro, su mochila, su ropa oscura y la correa de cuero arrastrando por el suelo, pero no vi al Rottweiler.
Al día siguiente con algo de tristeza los busqué nuevamente, pero desde ese día ya no volví a ver a ninguno de los dos. Yo sigo con mi rutina de ida al trabajo, casi la misma, solo que ahora no detengo mi mirada en esa cuadra, frente a la jefatura.

07-02-2011